Soneto del encuentro con mi sombra
Vuelvo, yo que fui joven y que soñaba,
a la poesía que antaño me miraba;
mi voz ahora es grave, y la mirada
lleva canas, memorias que no callaba.
Mi yo de ayer, con risa desenfrenada,
me observa y pregunta: “¿Por qué tardaba?”
Yo respondo, con la calma que guardaba,
“Por aprender del tiempo y su jornada.”
Cada verso es un puente que se extiende
entre la impaciencia y la prudencia;
cada palabra un alma que comprende.
Hoy la rima es sabia, y la conciencia
baila con la emoción que se enciende,
tras quince años de silencio y paciencia


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