Con vida vana y ruido desmedido, de fiestas, yerro y trato sin memoria,andaba yo, de afecto desprovisto,ajeno al bien, extraño a toda gloria.
Mas quiso el sino, en lance no permitido, cruzar mi andar con vuestra faz notoria que, el oro manda y el valor se ha vendido, y el alma calla… mas no vuestra historia.
Que no fue compra, ni vil trato humano, lo que de vos mi espíritu alcanzara,sino consuelo, fiel, puro y temprano, cual luz que al ciego, de súbito, ampara.
Disteis, señora, sin deber ni engaño, compaña dulce, abrigo y fe sincera, y en ese lazo, ajeno a todo daño, halló mi ser unión que no muriera.
Y así, rendido al yugo de tal suerte, si os place oír de un alma su querella, diré que hallara gusto en misma muerte si en vuestro amor hallase mi centella.
Perdiera honores, nombre y ambición, y al fuego eterno diera mi destino, si en vuestro pecho hallase redención y en vuestra voz… clemencia en mi camino.
A vuestros pies, señora, así me hallo, cual siervo fiel de voluntad cautiva, que no hay en mí más ley que vuestro fallo, ni más razón que veros compasiva.
Y si estas letras no movieren gloria en vuestro pecho, noble y resguardado, quede al menos por cierta la memoria de un hombre que por vos… quedó entregado.


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